Economía medieval en Europa

Europa a partir del siglo VIII, sigue siendo una sociedad básicamente agrícola. La tierra constituye la única fuente de riqueza y poder. Así, surge un nuevo modelo, el feudalismo, que es la traducción política de este hecho económico. Este sistema tendrá variaciones según la zona en la que se implante y no llegará a ser uniforme en toda Europa. Con tasas de crecimiento cercanas a cero, los salarios dependían ampliamente de la cantidad de mano de obra disponible.

Las monarquías autoritarias irán dando forma a los estados modernos. Y el aumento de la prosperidad económica será lo que permita a los reyes crear un ejército profesional y una administración cada vez más compleja.

Por otro lado, en los primeros siglos de la Edad Media, los valores predominantes en Europa dejaban de lado la expansión comercial e industrial, y favorecían, todo lo ligado a la adoración a Dios, lo cual justifica, desde un plano general, el poco desarrollo económico.

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A pesar del marcado carácter agrícola a medida que pasa el tiempo las ciudades empezarán a tener mucha importancia. La ciudad medieval es una ciudad amurallada que aparece como lugar cerrado dentro del paisaje agrícola y forestal, sirviendo de fortaleza defensiva y refugio de sus habitantes y campesinos del entorno, a la vez que constituye el mercado del área de influencia.

Se forman los burgos, que es donde tiene lugar el surgimiento de actividades distintas a las agrícolas, las que favorecen el florecimiento de una economía monetaria y la especialización de los trabajos, constituyendo un marco heterogéneo donde el hombre rural se libera de sus dependencias ancestrales gracias al anonimato y a las posibilidades que ofrece la ciudad como centro de producción de los distintos saberes de la época.

La expansión demográfica, el excedente de los productos del campo y la mayor especialización en el trabajo, son los factores que explican suficientemente en muchos casos el desarrollo de las ciudades. La ciudad medieval se define ante todo por su función económica.

La conquista de libertades exige una acción tenaz por parte de sus habitantes, unidos en movimientos comunales. Los reyes a cambio de su apoyo, les concedieron privilegios y libertades, es decir, derechos frente al poder de los señores feudales, pero con el tiempo quedarán en manos de las familias más ricas y de los gremios.

En Italia las comunas eran tan poderosas que acabaron convirtiéndose en repúblicas independientes como Venecia o Génova. En la Península Ibérica o Inglaterra, las comunas fueron las más fieles aliadas de la monarquía para afianzarse sobre la nobleza. Los representantes de las ciudades, los procuradores, participaban en las asambleas cuando se trataba del gobierno del reino.

En las ciudades se desarrolla una importante actividad artesanal, nacen así las corporaciones de oficios. Los comerciantes y los artesanos establecidos en las ciudades de la Edad Media se asociaron, constituyendo comunidades de oficio que perduraron hasta fines del Antiguo Régimen.

Las florecientes ciudades del norte de Italia, la industria de Flandes y la Hansa germánica eran los polos de un intenso tráfico de productos en la Europa del siglo XIII. La importancia de las ferias, como las de Champagne, se debe a la política llevada a cabo por los condes, otorgando privilegios excepcionales a los mercaderes que allí acudieran. Los artículos que allí se negociaban eran los paños procedentes de las industrias flamencas, la seda y las especies. Aunque con el tiempo, fue la apertura de la ruta marítima entre Italia y Flandes, la atracción fue creciendo por París y el auge de Brujas.

Las universidades juegarán un papel destacado en el desarrollo de la cultura que se refleja en las ciudades, sobre todo en los conjuntos urbanos que aparecen junto a ellas.

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El feudalismo tuvo su apogeo en Europa entre los siglos X al XIII lo que puede denominarse como feudalismo clásico, pero comenzó a desarrollarse en los siglos anteriores y persistió aún durante los siglos XIV al XV.

El feudalismo era un sistema institucional que establece una relación de dependencia entre señor y vasallo, relación de base jurídica y militar y que afecta a las clases dirigentes, constituidas por hombres libres. Se establecía una obligación de fidelidad por parte de un hombre libre hacia otro, de su misma clase, pero de jerarquía superior, que era “señor” del primero. Por su parte, el señor otorgaba un beneficio al vasallo, denominado feudo, generalmente consistía en tierras.

El principal símbolo del poder del señor era el castillo, o, en el caso de la Iglesia, los monasterios, catedrales y edificios eclesiásticos. Al principio, el permiso para la construcción del castillo lo otorgaba el rey, pero poco a poco llegaron a edificarse por la simple voluntad del señor, sin que mediara de hecho la intervención real. Estos castillos eran el símbolo del poder y, a la vez, centros de administración de justicia, de recogida de tributos y rentas, almacenes de víveres, residencia de los señores, refugios para los habitantes de la zona, lugar de prestación de homenajes.

La relación económica fue evolucionando progresivamente. El pago de dinero era menor; pero a partir de los siglos XI y XII éste comenzó a cobrar importancia, debido al aumento del comercio y la venta de productos manufacturados que empezaban a circular en las ciudades y de los que los señores deseaban proveerse. Las rentas, no se limitaban a las obligaciones contraídas por la tierra, sino al pago de impuestos, censos, etc., que se derivaban de los diferentes poderes, sobre todo judiciales, fiscales y militares que tenían los señores. Una de las más características fue la del diezmo, es decir la contribución de los fieles a la Iglesia con la décima parte de sus bienes.

La economía feudal se concentraba en la explotación de la tierra de cada feudo. La vida de éste se sostenía con el producto que se obtenía de la tierra y el trabajo de los siervos. Con parte de esta producción pagaban los impuestos al señor feudal. Sin embargo, en ocasiones la producción no era abundante, debi­do al atraso en la fabricación de herramientas y en las técnicas de cultivo.

El comercio internacional se desarrollaba desde el este hacia el oeste. Las exportaciones de China y la India eran llevadas a los puertos del Golfo de Persia y del Mar Rojo. De ahí las caravanas de camellos y caballos partían a Alejandría en Egipto o a los puertos de San Juan de Acre y de Jafa en Palestina. Allí las mercaderías eran cargadas en los barcos y llevadas a las ciudades del norte de Italia, a Venecia, Génova y Florencia.

Un segundo sistema de comercio internacional se desarrolló en los mares del norte. Lana inglesa y paños flamencos eran llevados en barco por el Mar del Norte y el Mar Báltico a los puertos escandinavos y bálticos donde eran intercambiados por cueros, pieles, granos y madera.

En el siglo VIII, cuando los musulmanes bloquearon el mar Mediterráneo, la principal ruta comercial de Europa, el intercambio mercantil y la circulación en Europa se restringieron al grado más bajo que podían alcanzar.

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Economía en la edad media

Periodo comprendido entre la caída del Imperio Romano, en el año 476 y la caída de Bizancio en 1.453. Es la época en la que se comienza a dar una lenta, pero segura proyección al futuro. Es la época de la expansión europea y el desarrollo de las nuevas clases y estamentos. Hablamos del feudalismo y el vasallaje.

Como en la edad antigua, el sistema económico se basaba en la agricultura, bajo la nueva forma feudal. Las clases altas, la realeza, la nobleza y el clero eran los propietarios de las tierras que los campesinos, que componen la mayoría de la población, se encargaban de cultivar. Entregaban las cosechas para el abastecimiento de la casa su señor y su propio abastecimiento. Por lo que la tierra era el elemento de unión entre la nobleza y el pueblo llano.

En este periodo, las  tierras comienzan a ser más productivas gracias a varios factores: el aumento de la población que hizo incrementar la demanda y de la producción, el crecimiento de las ciudades que trajo consigo una mejor comercialización de los productos y la mejora de las técnicas de cultivo.

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Innovaciones técnicas

El proceso de incorporación de mejoras técnicas fue bastante lento, pero se incrementó significativamente con la mejora de las comunicaciones y con la explosión del comercio.

– Los avances más significativos fueron: el uso de los molinos de agua como fuerza motriz para el trigo y el aceite, el uso de las acequias para riego, extendiendo los cultivos y liberando mano de obra que podía dedicarse a otras tareas más productivas.

– Se mejoran los métodos de enganche de los animales, como la collera rígida y el yugo. La cría del ganado de tiro aumenta de manera notable y permitirá disponer de muchos más animales, como el caballo de combate.

– Los instrumentos agrícolas, como el arado o la azadas de hierro, con lo que el arado penetra más, airea la tierra con mayor facilidad y permite la obtención de cosechas en espacios antes no explotados.

– Comienza a usarse un sistema de barbecho distinto que posibilita la rotación de suelos cada dos de tres años mediante la quema de rastrojos, en vez de uno de cada dos, y se abandona la práctica del cultivo itinerante.

– Las nuevas canalizaciones de agua facilitan el riego en zonas secas.

– Se incorpora a la dieta la avena, tanto para personas como para animales, cuyo engorde es más rápido y garantiza la alimentación en periodos de sequía y en los duros inviernos. Se extiende el cultivo de la vid.

Aumento de la producción y la población

Gracias a la incorporación de las nuevas técnicas los campesinos reducen el tiempo de trabajo para el señor sustituyéndolo por el pago en especie o pecuniario. Así, los campesinos incrementas sus rentas y son más independientes. Se reducen así, las tierras del señor y se extienden los arrendamientos.

Para todo ello, se acuña mayor cantidad de moneda y con ello fluye el comercio. Los señores empiezan a obtener más bienes y el clero comenzará a construir iglesias, catedrales, monasterios y claustros. La Iglesia tenía mucho poder e influencia y era un fuerte factor de unidad y orden social. Este predominio se expresaba físicamente en las catedrales que se construían. Cada ciudad competía con la otra en tener la más alta.

La catedral no era sólo una iglesia; era el centro de reunión en el que se celebraban representaciones y fiestas religiosas, donde se guardaban los tesoros y documentos de la ciudad y donde la gente podía refugiarse en caso de peligro. El campanario era el medio de comunicación de la ciudad: no sólo anunciaba las horas, también daba aviso sobre ataques externos o sobre reuniones de importancia. Todos contribuían a su edificación según sus posibilidades: señores, artesanos, mercaderes, banqueros y campesinos.

Las mejores zonas atraen a una mayor masa de población y se producen migraciones en todo el centro de Europa. El crecimiento poblacional es notable a partir de 1050, llegándose triplicar la población hacia el final de la Edad Media. Cuando hay una mayor tasa de natalidad, aunque la tasa de mortalidad se mantendrá.

Las ciudades, el comercio y las rutas comerciales

Los excedentes facilitan el comercio más allá de las fronteras de las tierras del señor. Las actividades comerciales permiten que surja una incipiente burguesía, los mercaderes, que en su origen eran campesinos que aprovechaban los tiempos en los que no era necesario el trabajo de la tierra para comerciar, y que deberán realizar su trabajo pagando igualmente una parte de sus beneficios en forma de tributos a los Señores. El lujo al que aspiran los Señores con el incremento de las rentas, favorece la aparición cada vez más frecuente de artesanos. Economía medieval 3

Las rutas de peregrinación y las cruzadas son los nuevos caminos por donde se abre el comercio. Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela son los destinos, pero las comunidades situadas en sus vías de acceso florecen ofreciendo hospedaje, comida y ropa. La venta directa al consumidor permite a muchos campesinos aportaciones extras a sus arcas. Se incrementan las tasas de tránsito, peaje y mercados. Las ciudades o burgos, son al mismo tiempo espacios de defensa y de comercio Y conforme avance el tiempo irá creando una nueva sociedad.

Mientras el sistema feudal se basaba en la producción agraria, no necesitaba moneda ni intercambios comerciales porque su objetivo era autoabastecerse, el sistema de los burgos se orientó hacia la producción de mercaderías y al comercio. Los artesanos se especializaron e incorporaron a sus productos nuevos materiales que venían de tierras lejanas.

Las ciudades eran centros de producción e intercambio. La gente buscaba en sus mercados los productos locales, pero también los importados. Muchos mercaderes comenzaron a montar flotas para ir a buscar esos productos y aunque los viajes eran bastante peligrosos por la amenaza de los piratas, valía la pena arriesgarse porque las ganancias eran enormes.

En este momento aparecen los banqueros ya que el dinero acumulado por estos mercaderes y productores fue mucho y favoreció la creación de bancos que prestaban dinero a interés. Si un banquero tenía una oficina en Florencia y otra en Venecia, uno podía depositar el dinero en Venecia y recibía un papel que le permitía retirar la misma cantidad en Florencia. Así nacieron los cheques. Sólo con firmar un papelito un banquero podía transformarse en un amigo poderoso o enemigo peligroso de los reyes y señores de la época.

Los mercaderes y artesanos estaban permanentemente amenazados por los ladrones, que ya entonces abundaban, o por los señores de la ciudad, que inventaban impuestos o pleitos para quitarles su dinero. Para defenderse, se pusieron de acuerdo y formaron uniones o gremios para ayudarse entre sí. El gremio de los mercaderes, por ejemplo, se aseguraba de que nadie en la ciudad los defraudara. Fijaba los precios y controlaba la calidad de los productos. El poder de los gremios creció tanto que en algunas ciudades llegaron a disputarle el poder a los señores y hasta gobernarlas por su cuenta.

Finalmente, previo paso al Renacimiento, el dinero de los burgueses terminó con las ideas feudales y permitió armar ejércitos propios demostrando que ya no necesitaban de la protección de los señores. Los caballeros feudales se negaban a admitir la nueva realidad formando órdenes de caballería. Para poder seguir disfrutando de sus riquezas, tuvieron que admitir que el poder político se les iba de las manos hacia la de las burguesías nacientes en toda Europa.Economía medieval 2

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Economía en el mundo antiguo: suramérica

Para cerrar esta etapa de la economía en el mundo antiguo, no podíamos dejar de mencionar otra zona más allá del Mediterráneo y la zona asiática. Hablamos de la américa precolombina.

Aquí debemos distinguir dos zonas, los Mesoamericanos y los Andinos.

Los mesoamericanos eran aquellos habitantes de la actual mitad meridional de México, los modernos territorios de Guatemala, El Salvador y Belice, así como el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Sus dos civilizaciones más importantes fueron la Azteca y la Maya.

Pero nos centraremos en su economía desde el siglo XXVI a.C. hasta la colonización española.

Economía mesoamericana 1

Esta región vio el desarrollo de una civilización indígena en el marco de un mosaico de gran diversidad étnica y lingüística. La unidad cultural de los pueblos mesoamericanos se refleja en el inventario de la base agrícola de la economía, el cultivo del maíz, el uso de dos calendarios (ritual de 260 días y civil de 365), los sacrificios humanos como parte de las expresiones religiosas, la tecnología lítica y la ausencia de metalurgia, entre otros.

En esta zona se cultivaron ciencias como la medicina, la botánica, la zoología, matemáticas, geografía, astronomía y ecología. Desarrollaron habilidades en las artesanías como la orfebrería. Pero el legado más importante que dejaron a la humanidad las culturas mesoamericanas fueron tal vez sus tradiciones agro-gastronómicas: el cultivo y uso del maíz, tomate, frijol, calabaza, chile, cacao, aguacate, amaranto y otros productos que hoy conoce el mundo entero.

Como ya hemos indicado, fue el maíz la base de la alimentación de los mesoamericanos durante la época prehispánica y sigue jugando ese papel en las naciones modernas que actualmente ocupan el área. La milpa, por su lado, el sistema que se ha utilizado tradicionalmente para el cultivo de la gramínea en la región. Se dice que el origen del maíz es de esta zona del mundo y su extensión cultural también comenzó aquí.

Si bien la base de la agricultura y de la alimentación de los pueblos de la región fue el maíz, es importante destacar el cultivo de la mandioca o la también llamada yuca, al igual que el cacao. Además, descubrieron los mesoamericanos muchas plantas curativas que todavía en la actualidad se usan.

En la artesanía, se distinguen cabe mencionar los tejidos y los bordados utilizados para decorar los vestidos.

Por otra parte, la cultura de los sacrificios humanos, hacía que los centros ceremoniales siempre fueran construidos para ser vistos. Eran pirámides que sobresalían del resto de la ciudad, para manifestar a sus dioses y sus capacidades. Por lo que los centros ceremoniales eran la traducción arquitectónica de la identidad de cada ciudad proyectada en la veneración y el culto a sus dioses y amos. Y por supuesto, zona de intercambio comercial, de trueque.

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La zona Andina, por su parte, es la región histórica de América del Sur en las actuales zonas del Perú, Bolivia y Ecuador principalmente. En esta zona se desarrollaron civilizaciones de gran complejidad política y cultural, entre las que destaca la Inca. Su periodo de duración se estima desde el tercer milenio a. C. hasta la llegada de la colonización.

La Cordillera de los Andes constituyó un reto para sus pobladores por la diversidad de pisos ecológicos que presenta, por lo que utilizaron la mayor cantidad de pisos altitudinales ejerciendo el control vertical de un máximo de pisos ecológicos, pues en cada altitud la producción agrícola y la crianza de animales varían. Ello le permitió al hombre andino disponer de una variedad notable de bienes con los cuales cubrir sus necesidades. Para obtener otros recursos, los pueblos andinos realizaron intercambios a larga distancia, lo que les permitió obtener bienes de importancia en territorios donde no podían ejercer un dominio directo.

El ayllu era la institución básica del mundo andino sobre la cual se apoyaban el orden social, político, económico y religioso del Estado Inca. A la ayuda mutua entre iguales se le denominaba ayni. La población se valió entonces de los lazos de parentesco para poder enfrentar la geografía de los Andes así, en lugar de tener grandes extensiones de terreno a una misma altitud, las poblaciones andinas prefirieron tener tierras a diferentes alturas con el fin de obtener mayor variedad de productos y lograr su autoabastecimiento. Este modus operandi permite entender cómo se pudo desarrollar una sociedad sin tener moneda ni comercio, pero que, sin embargo, tuvo acceso a diferentes recursos.

Para las sociedades andinas, la riqueza estaba condicionada por la disponibilidad y uso de una mano de obra que permitiese aprovechar los recursos del espacio. La mita fue la principal manera de utilización de mano de obra. Consistía en el trabajo por turnos que los miembros del ayllu destinaban para sus autoridades locales, los curacas, o el Inca. La labor de los mitayos incluía obras que también beneficiaban al ayllu, como la construcción de caminos, depósitos, obras de irrigación, entre otros.
Es muy posible que existieran mercados en los Andes dentro de los centros de distribución con venta de mercaderías sin moneda. Aunque lo más seguro es que se fomentara el trueque y las nuevas relaciones de parentesco.
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Economía en el mundo antiguo: China

Hace mucho tiempo, lejos de ser el gigante económico que es en la actualidad, China, al igual que las civilizaciones de Mesopotamia, Egipto y la del valle del Indo, basó su economía en la agricultura. Y, como en el resto de las civilizaciones anteriores, la actividad agrícola estaba dirigida por las autoridades, que eran las que planificaban las labores de la tierra de acuerdo a las necesidades imperiales.

A lo largo de su historia, en la China antigua hubo una serie de dinastías y los ciclos de las cosechas afectaron directamente a su poder. Si los rendimientos agrícolas eran insuficientes, el poder de las autoridades y de los terratenientes del momento entraban en crisis y en poco tiempo eran expulsadas del poder.

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La práctica común, durante muchos siglos, era que la tierra estuviera dividida en unidades cuadradas, que a su vez se fragmentaban en nueva parcela que formaban un triángulo equilátero. Las ocho parcelas exteriores eran trabajadas por las familias de campesinos y la parcela restante era cultivada colectivamente como forma de tributo a la clase terrateniente, quienes poseían la propiedad de la tierra.

Como en el resto de las grandes civilizaciones , los principales cultivos eran el trigo, la cebada y el arroz. Las características de este territorio, suelo fértil, fueron muy favorables a la agricultura y a las labores mineras con yacimientos de cobre, oro, hierro y plomo. En los cultivos, también destacan: la caña de azúcar o el té.

A medida que aumentaba el desarrollo cultural de la civilización china, se fueron introduciendo nuevas técnicas a las actividades agrícolas, como el arado de hierro. A la vez se incorporaron técnicas de regadío que permitieron aumentar el rendimiento de la tierra y las cosechas. Las cosechas cada vez más elevadas posibilitaron el crecimiento sostenido de la población china, lo que originó una nueva clase: mercaderes y comerciantes.
La adopción y el proceso de domesticación de animales como el caballo, mejoraron las comunicaciones y facilitaron el comercio. Igualmente, las autoridades imperiales pudieron ejercer un control más riguroso en las provincias y como consecuencia se extendió la zona de influencia china, destacando la gran expansión alcanzada por la China que aumentó considerablemente sus límites.

Son la unificación de medición de pesos y la acuñación de monedas permitieron integrar económica y políticamente el territorio chino, por lo que se propició un  proceso de apertura comercial. Destacamos el papel de China dentro de la ruta de la seda.
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La civilización china logró desarrollar un sistema económico capaz de abastecer a una inmensa cantidad de población que además generaba para las autoridades excedentes que podían utilizar en sus campañas de conquista militar. Aunque los mismos esfuerzos militares de los emperadores provocaron agudas crisis económicas que terminaron por sacarlos del poder.

Los chinos fueron de los primeros en utilizar el concepto de moneda. Al principio fueron simples conchas, pero más adelante intercambiaban pequeños utensilios metálicos como cuchillos o herramientas agrícolas que, para poder acumularse y transportarse, fueron haciéndose cada vez más pequeños hasta llegar a ser pequeños trozos de metal con inscripciones.

La sociedad china de las primeras dinastías se caracterizó por ser principalmente rural, así la agricultura y la ganadería fueron las principales actividades económicas. Pero con el tiempo la población creció y fue necesario echar mano de todos los recursos y se generalizó el consumo de alimentos de mares y ríos, los cuales hasta la fecha siguen formando parte importante de la dieta china.

La sociedad de la antigua China se estructuraba de la siguiente manera: emperador, mandarines, comerciantes, terratenientes, artesanos, campesinos y esclavos.

El emperador y la familia real se hallaban en lo más alto de la pirámide social y se les concedía un carácter casi sagrado, al emperador era “El hijo del cielo”, por lo que sus órdenes, decisiones y sus mínimos deseos eran acatados siempre con temor y celeridad. El ejército y el dinero del imperio los controlaban los mandarines, que eran los encargados de la administración del Estado, por ello eran el sector de la sociedad china que recibía más educación y cultura. En sus manos se centralizaba todo el poder militar, judicial y administrativo.

Les seguían aquellos que se veían obligados a trabajar para su sustento pero también para el del imperio: comerciantes, terratenientes, artesanos, es decir, los que comerciaban y generaban las riqueza reales. Los campesinos se encontraban en el penúltimo escalón de la sociedad china, pues los últimos eran los esclavos; sin embargo, los primeros constituían la gran mayoría de la población. Según las tradiciones y las leyes del antiguo imperio chino, los acuñadores de monedas debían ser esclavos, así, pues, los delincuentes recibían la esclavitud como castigo, pero la miseria también condenaba a muchos a venderse a sí mismos o a sus hijos para sobrevivir.

(Fuentes de documentación: Wikipedia)

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Economía en el mundo antiguo: Roma (Parte II)

Si la esencia de la economía romana fue la agricultura y el comercio, los otros soportes de su riqueza imprescindibles para el mantenimiento de su imperio, fueron la moneda y los impuestos. Ambos fueron otros de los grandes legados económicos que nos dejó la civilización romana.

Impuesrtos romanos

La moneda romana

El movimiento de mercancías por el Imperio romano era incesante y para que el comercio fuera fluido debía existir algo que pudiera ser utilizado como patrón para “medir” el valor de las cosas. En sus orígenes el comercio romano no precisaba de la utilización de la moneda, ya que se utilizaba comúnmente el trueque como medio para realizar las transacciones. Pero cuando Roma empezó a expandirse por Italia y a conquistar a otros pueblos, sobre todo a los griegos, se introdujo en un sistema de estados constituidos a la manera griega. Por lo que Roma adoptó el sistema monetario de los griegos.

Así, las primeras monedas romanas fueron de cobre, aunque su valor se medía con respecto al lingote de bronce (Aes) y tomaron el nombre de este metal, el “as” romano. Con sus monedas de cobre, el comercio romano muy pronto se extendió por todo el Lacio, por Etruria y llegó hasta el sur de Italia. Pero aquí a los romanos se les presentó un problema, ya que los griegos que estaban asentados en el sur de Italia utilizaban monedas de plata, así que tuvieron que realizar unos primitivos “tipos de cambio”.

Cuando Roma conquistó el sur de Italia y, con él, todas sus ciudades griegas, entre ellas, la actual Tarento, el Senado romano, no toleró la diversidad de monedas nada más que para las fracciones en grandes cantidades. Así se adoptó un tipo de moneda común para toda Italia y se centró su acuñación en Roma. Esta nueva moneda fue acuñada en plata y tuvo por base el valor legal relativo de los dos metales, es decir el tipo de cambio existente entre el bronce y la plata. Esta base fue la pieza de diez ases, ya que diez ases equivalían a una moneda de plata de Tarento. Y así, el nuevo “dinero” romano se denominó denarios en el que aparecía el símbolo X que significaba que tenía un valor equivalente a diez ases, es decir, que pesaba exactamente el peso establecido por ley.

Denario

Los ases de cobre no dejaron de existir. Los denarios se utilizaban sólo en las medianas y grandes transacciones, dejando el uso general del as de cobre para las pequeñas. Aunque pronto resultó evidente que el as era demasiado pequeño para dichas transacciones por lo que se acuñó otra moneda en plata. Esta moneda tenía menos cantidad de plata (pesaba menos) que el denario, a la que se llamó “sestercio”, equivaldría a ¼ de denario y a 2,5 ases. Es decir, el denario, la moneda principal, estaría dividida en cuatro sestercios y/o en diez ases.

Al igual que ocurrió con el sestercio, a la larga el estado romano se vio obligado a admitir la necesidad de otra moneda, en tiempos del emperador Nerón para que pudiera ser utilizada por el Estado en sus enormes transacciones, ya que el empleo de millones de denarios o sestercios era algo engorroso. Así se acuñó otra moneda, esta vez en oro. La aparición de esta moneda de oro hizo necesaria la especificación de denarius argentus para el denario original de plata y denarius aureus para el de oro, ya que así se llamaba esta nueva moneda, que fue acuñada con un peso equivalente a 1/40 de la libra romana (8,18 gr.). Un denario áureo equivalía a 25 denarios argénteos o a 100 sestercios de plata.

En definitiva, las principales monedas romanas que circularon por todo el Mediterráneo fueron:

1. El As acuñado en cobre.

2. El sestercio acuñado en plata.

3. El denario argentus acuñado en plata.

4. El denario aureus acuñado en oro.

Monedas romanas

Los impuestos romanos

El Estado, o el Imperio romano en su momento, necesitaba dinero para cubrir los gastos a cubrir las necesidades militares y abastecer a las legiones. Además, el gobierno de Roma tenía ciertos gastos como el mantenimiento de las termas, la distribución del agua, la policía urbana, la obra civil. Pero, aunque la escuela era una institución reconocida por el Estado, no era pública, por lo que el gobierno no se hacía cargo de su mantenimiento. Y la sanidad no existía como tal, había médicos, pero atendían a los enfermos en sus propios hogares y cobraban por los servicios prestados. Raramente el gobierno cubría los gastos sólo con los impuestos que cobraba, así que, cuando había que realizar grandes desembolsos, Roma recurría a la guerra para sacar un sustancioso botín de los países conquistados, que se utilizaba para cubrir los gastos restantes.

Uno de los primeros impuestos que se impusieron a los ciudadanos de Roma fue la Moenia. Este impuesto consistía en prestaciones en las fincas reales, en edificios de la ciudad y en obras públicas. Otro de los más antiguos fue el Sacramentum, que era pagado por la persona que perdía un juicio.

Roma era un conglomerado de gentes, por lo que se gravó un impuesto para los residentes en Roma que no poseían la ciudadanía romana, Incluso el pastoreo del ganado en los dominios de tierra pública estaba gravado mediante la Scriptura, la cual había que desembolsar. Y devengaba también el arriendo de tierras estatales mediante un impuesto llamado Vectigalia. Con el tiempo, algunos de los impuestos fueron desapareciendo, como la Moenia. Incluso los ciudadanos romanos tuvieron el privilegio de estar exentos de los impuestos directos.

Con el tiempo, la mayor parte de los impuestos la tuvieron que pagar los provincianos, que era en los que realmente se depositaban casi todas las contribuciones al fisco. En las provincias se establecieron dos clases de impuestos, un impuesto territorial y un impuesto por cabeza.

El impuesto territorial lo pagaban todos aquellos que eran propietarios de bienes raíces, todos los provincianos y todos los ciudadanos romanos que vivían fuera de Italia. Solamente estaban exentas de pagar este impuesto las ciudades que poseían el Ius Italicum, es decir, las ciudades de Italia. El impuesto por cabeza se gravaba sobre el capital y los bienes inmuebles y debían tributarlo los hombres y las mujeres, exceptuando los niños menores de doce años y los ancianos.
Impuestos romanos
Además, para las gentes de provincias se ampliaron los Vectigalia, que recogían, además del arriendo de tierras del Ager Publicus, algunos impuestos indirectos recaudados por compañías de publicanos, entre los que se encontraban los derechos de aduana, el impuesto sobre manumisiones o liberación de esclavos, el impuesto sobre la venta de esclavos y el impuesto sobre el transporte de grano. Todos estos impuestos indirectos eran recogidos por las ciudades, quienes lo enviaban a Roma.
También existían algunas tarifas en los puentes, en los pasos de montaña, y para la navegación fluvial que eran recogidos por publicanos y que engrosaban las arcas de las ciudades. Incluso se dispuso una tasa que gravaba el consumo de agua que traían los acueductos, que había que abonar cada vez que se sacaba agua de una fuente pública.

También había una serie de impuestos extraordinarios como las requisas  cobradas por la administración militar. Los ciudadanos de las provincias estaban obligados a aportar, entre otras cosas, una habitación temporal para los soldados (hasta que se construía el campamento estable); todo tipo de herramientas; leña, trigo y, en algunas ocasiones, los barcos de las poblaciones marítimas o de los puertos fluviales; los adinerados tampoco se libraban de las cargas, debiendo aportar esclavos, telas, cueros, plata y otros objetos de valor.

Durante un tiempo, el sistema de recaudación consistió en que se subastaban públicamente los contratos de recaudación de impuestos, y aquellas empresas privadas que ganaban avanzaban al Estado el total del impuesto que debían recaudar, las llamadas Publicani.  Con el tiempo, los multimillonarios vieron el negocio y se asociaron en empresas que incluso emitían acciones, celebraban juntas generales y elegían directores que lideraban el consejo de administración. Con el imperio y el gobierno de los césares esto cambió y se consiguió reducir la corrupción.

Sin duda, la capitación era uno de los impuestos romanos mas populares que englobaba varios tipos de tasas y variaba de una región a otra. Era de tipo personal e individual en las ciudades. En el ámbito rural era una base tributaria que servía para efectuar el cálculo del impuesto territorial.

La capitación era pagadera en especies, generalmente se recaudaba de manera trienal, y podía liquidarse en tres pagos. Era un impuesto sujeto a frecuentes desgravaciones, así como a exenciones para el personal militar. Fue desapareciendo de las ciudades, y hacia finales del siglo VI prácticamente solo la pagaban los campesinos libres, en su forma de impuesto territorial. La tendencia fue sustituir este impuesto, en su forma individual, por una vinculación vitalicia del colono a la tierra.

Imperio Romano

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Economía en el mundo antiguo: Roma (Parte I)

Si una civilización dejó huella en la historia, en todos los aspectos, fue sin duda, la del Imperio Romano. Como todas las economías de la época, su actividad se centró en la agricultura y el comercio. La explosión comercial, su expansión territorial y la Pax Romana, potenciaron su crecimiento imparable durante varios siglos.

 Rómulo, Remo y la loba.

La agricultura

Actividad muy bien considerada dentro de la sociedad romana, al contrario de lo que sucedía con la artesanía. En el origen, Roma, había sido una comunidad de pastores y agricultores, por lo que la tradición hacía de esta actividad una profesión casi sagrada. Los Patricios se dedicaban al cultivo de la tierra y al ganado. Los patricios eran propietarios de grandes haciendas cuyo mantenimiento y explotación recaía en la mano de obra esclava que vivía en estas fincas durante todo el año al cuidado de un capataz que, a su vez, era un esclavo de confianza del propietario. Estas enormes fincas producían todo tipo de alimentos.

Los frutos de la cosecha se trasladaban diariamente a su mercado y se vendían, ya que solían ser productos que se estropeaban con el paso del tiempo, tales como frutas, hortalizas y verduras frescas, que eran muy apreciadas por los habitantes de las grandes ciudades. Si la explotación agrícola se encontraba muy alejada de las urbes, los productos frescos eran utilizados para el consumo inmediato y trabajadores libres, y, en menor medida, por esclavos de la explotación. Los productos que se vendían en la ciudad eran los que no perecían con el paso del tiempo, tales como vino, uvas, aceite, aceitunas, trigo, cebada, avena etc., cultivos a los que se dedicaba la mayor cantidad de terreno para su producción.

Los campesinos libres que cultivaban su propia tierra con la ayuda de sus familias arrendaban parcelas a los Patricios a cambio de dinero o a cambio de pagos en especie, generalmente una fracción de la cosecha que el campesino producía.

La técnica que los romanos usaban al cultivar la tierra se ha mantenido hasta nuestros días. Se practicaba la rotación de dos hojas. Lo que no ha perdurado hasta hoy es la técnica que los romanos usaban para arar los campos. Los arados romanos eran muy ligeros, al ser de madera, no dejaban los característicos surcos que podemos observar hoy en día en las tierras aradas.

La vida del campesinado en tiempos de la Antigua Roma era muy dura y los campesinos solían vivir en condiciones muy humildes, rozando el umbral de la pobreza y no llegaban a percibir los mismos ingresos que un carpintero o que un alfarero que trabajara en la ciudad, ya que en ésta existía un grado de especialización que no se daba en el campo. Cuatro veces al mes, cada siete días, los campesinos libres detenían sus actividades y acudían a la ciudad a vender sus productos, a comprar simiente y utensilios variados e incluso a asistir al circo.

Lograron grandes avances tecnológicos, además de generalizar el arrendamiento de las parcelas de tierra promovieron el uso de molinos de agua y de viento para poder moler el grano. Inventaron una mejorada prensa de aceite, novedosas técnicas de regadío y generalizaron el uso de abonos y otros fertilizantes naturales.

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La ciudad

El trabajo que se realizaba en las ciudades era muy distinto que el realizado en el campo. Para los romanos, el comercio y el trabajo manual no gozaban de gran consideración. Era normal dejarlo en manos de clases sociales inferiores, de extranjeros e incluso de esclavos. El Derecho romano permitía y promovía una considerable libertad de empresa y no penalizaba las operaciones comerciales. Este Derecho cuidaba del cumplimiento estricto de los contratos, de hacer respetar el derecho de propiedad privada y de llegar a un acuerdo rápido en las disputas.

El uso de los contratos era tan común como hoy en día. Los contratos que se realizaban con el Estado, generalmente de arrendamiento de tierras para el pasto del ganado, podían tener fiadores. También existían las Tabulae o contrato de esponsales. De los contratos se exigía su cumplimiento, que, de lo contrario, suponía el tener que pagar una indemnización por parte del infractor. También existían contratos para las ventas. Éstos se realizaban con la entrega del bien y el pago correspondiente ante testigos, siendo entonces una venta perfecta. Si se incumplían los términos, el infractor debía indemnizar a la otra parte como si le hubiera robado el bien. Incluso también se hacían contratos para el préstamo de dinero. El prestamista entregaba la suma de dinero al prestatario ante testigos, y este último tenía la obligación de devolver el capital más los intereses, un tanto por ciento anual. Si el prestatario no pagaba, el prestamista, después del obligado proceso judicial, podía desposeerle de todas sus propiedades para recuperar lo prestado, convertirle en esclavo suyo e incluso matarlo, aunque en tiempos más tardíos de la historia de Roma esta práctica cayó en desuso.

En las ciudades romanas existían numerosos talleres y “empresas”. Cada ciudadano, fuera libre o esclavo, desarrollaba una actividad, desde la manufactura y el comercio hasta las profesiones de maestro, banquero y arquitecto, aunque éstas últimas no tenían la misma consideración que se las da hoy en día. Tejedores, alfareros, zapateros, herreros, tintoreros, vidrieros, orfebres y más, ofrecían sus productos al público en el mismo lugar donde los fabricaban, atrayendo a los posibles compradores con toda suerte de artimañas y predicando a voces la excelencia de sus productos y lo irrisorio de sus precios. Toda calle romana era una ruidosa mezcla de gente, niños jugando, mendigos y comerciantes dando a conocer a voces sus productos, cada cual más alto para tapar a la competencia. Los más abundantes, y los que más vociferaban, eran los comerciantes de alimentos, y no existía lugar público donde no se les encontrara, al igual que a los traficantes de esclavos.

También las obras públicas movilizaban a infinidad de especialistas: albañiles, carpinteros, canteros, fontaneros, ingenieros, arquitectos. El Estado mantenía servicios públicos tan importantes como el abastecimiento de agua, los bomberos, las termas y los baños públicos donde la gente acudía regularmente a charlar y a divertirse, atendidas todas ellas por mano de obra esclava.

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El comercio romano

Fue el motor que condujo a la economía Romana. La lengua, el latín, y las legiones fueron apoyadas por el comercio, siendo al mismo tiempo parte de su espina dorsal. Las legiones acabaron con la piratería y el bandidaje, que habían supuesto serias amenazas para el comercio.

Gracias a la denominada Pax Romana, el comercio se desarrolló en las condiciones más favorables, lo que provocó un espectacular crecimiento demográfico. Un aumento de la población suele producirse por un aumento en el nivel de vida de los ciudadanos. Según diversas estimaciones, la población del Imperio en tiempos de César oscilaba en torno a los 60 millones de personas. Parece probable que el número de habitantes del Imperio a la muerte de Marco Aurelio (180 d. C.), fuese, al menos, el doble que a la muerte de Julio César (44 a. C.). Estas cifras atestiguan, por sí solas, el espectacular aumento demográfico que se produjo, ya que en unos 224 años, la población del Imperio se multiplicó por dos. Y es muy probable que estas personas que habitaban el Imperio estuvieran en una situación económica superior a la de millones de personas, tanto de ámbito agrícola como urbano, de Asia, África y Sur América de hoy en día.

Generalmente, la vía de transporte más utilizada, a pesar de las famosas calzadas romanas, era el Mediterráneo, que se convirtió en la gran vía del tráfico comercial, con una prosperidad que nunca antes había alcanzado, que rara vez volvería a brillar con tanta luminosidad. El próspero comercio arrastraba consigo gentes, lenguas, costumbres, religiones y problemas de mil orígenes y naturalezas, convirtiendo a Roma en un foro internacional.

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Continuaremos con la economía en la antigua Roma en entradas posteriores en la sección de historia económica.

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Economía en el mundo antiguo: Fenicia

Contemporáneos del tercer milenio A.C. se les considera los inventores del alfabeto. También son conocidos por ser los primeros colonizadores de la península ibérica. Aunque si realmente han sido siempre conocidos es por ser una civilización con un marcado carácter comercial y por ser los primeros en crear rutas y colonias comerciales por todo el mar Mediterráneo.

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Una de las causas por las que Fenicia se lanza al mar es por lo accidentado de su orografía, pero aún así, los fenicios supieron aprovechar al máximo las posibilidades del suelo para la explotación agrícola y cultivaron hasta en las laderas de las montañas. El paisaje fenicio, estaba compuesto por una variedad de valles muy fértiles para su explotación agrícola, pero de reducido tamaño. Esto representó un problema, que les condujo a poner en práctica la explotación extensiva de sus recursos agrícolas. La escasez de espacio para el cultivo hizo que se aprovecharan las laderas de las colinas para la siembra, cultivando en terrazas con el fin de aprovechar al máximo los recursos del terreno.

La ganadería representaba también una de las bases de la economía fenicia, aunque sus rebaños no eran muy numerosos, si eran suficientes. Pastaban en ricos bosques y prados y contaban con vacas, de la que obtenían carne y leche, ovejas, que además de leche y carne, les proporcionaba lana, y cabras, que igualmente les daba carne y leche. Desde un principio fueron exportadores de lana, sobre todo a Egipto, con quien mantenía un floreciente comercio.

Si algo por lo que también se vieron empujados al negocio y las rutas marítimas fue el estar en posesión de bosques de cedros del Líbano que les permitió poder explotar el negocio maderero y conseguir sus objetivos económicos y comerciales. Supieron aprovechar el potencial económico que le proporcionaba la madera y sus múltiples usos. Fueron el principal suministrador de madera de Egipto que carecía de ella y la empleó en la construcción de barcos y en la arquitectura. Dada la envergadura de estos árboles, los egipcios podían sacar de ellos, traviesas de madera de muy largo tamaño y muy resistentes. Por supuesto también favorecieron a la construcción de barcos idóneos para su expansión por el Mediterráneo y las costas del océano Indico.

A través del contacto y el comercio difundieron su conocimiento de la viticultura y la producción de vino y propagaron varias variedades antiguas de vid. Introdujeron la expansión de la viticultura y la producción de vino en varios países que siguen elaborando variedades aptas para el mercado internacional, como el Líbano, Argelia, Túnez, Egipto, Grecia, Italia, España o Portugal.

Económicamente la pesca gozó de una importancia relevante, constituyendo el pescado una parte importante de la dieta. El pescado solía transformarse en salazones que eran muy demandados. La sal, además de convertir el pescado en un producto mas sabroso, le confería un mayor periodo de conservación.

La cerámica fenicia fue muy utilizada y comercializada; así como los objetos de vidrio coloreado y los tejidos de lana teñidos con un colorante el úrice. Tiro y Sidón, fueron las ciudades precursoras y dominadoras del comercio de la púrpura. Este tinte púrpura con el que teñían los paños lo obtenían de dos especies de gasterópodos muy abundantes en esa zona del Mediterráneo, el Murex trunculus y el Murex brandaris, denominándose púrpura de Tiro.

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Fueron los grandes mercaderes de la antigüedad. La geografía de sus costas, que propiciaba la instalación de puertos, y la madera de sus bosques les brindaban los elementos básicos para construir barcos y organizar compañías de navegación. El comercio consistía inicialmente en el intercambio en forma de trueque de los productos elaborados en Fenicia por las mercancías disponibles en otros lugares, para posteriormente, con la invención de la moneda poder mantener relaciones comerciales más sofisticadas.

Sin duda, la necesidad del transporte a largas distancias estimuló la construcción naval y la mejora de las técnicas de navegación. En cierta medida, consiguieron establecer una talasocracia que les permitía controlar comercialmente el Mediterráneo. Pero no debemos olvidar que los viajes fenicios establecieron nexos perdurables entre el Mediterráneo oriental y el occidental, no solo comerciales sino también culturales.

Los fenicios desarrollaron una industria de artículos de lujo muy solicitados en la época y de gran valor comercial, como joyas, perfumes y cosméticos. Estos objetos, que consistían a grandes rasgos, en tallas de madera, figurillas, ricos ornamentos de lujo, paneles decorados, cerámica, vidrios y marfiles, se destinaban a satisfacer la demanda de una nobleza refinada amante del lujo, los cuales les servían como elementos distintivos a través de los que reafirmaban su prestigio y posición social.

Del comercio de la manufactura, los fenicios obtenían elevados beneficios y pronto lo dominaron casi en régimen de monopolio. Tal era el control que los fenicios tenían, que la mayor parte de los productos manufacturados que llegaban a los países vecinos eran suministrados por los ellos.

Como en otras civilizaciones, en el mundo fenicio, las actividades mercantiles estaban ligadas al poder. Solía existir un comercio dirigido por el monarca, es decir público, con sede en el palacio, y un comercio de carácter privado .En el primer caso es el propio rey el que gestiona la empresa, dando las ordenes pertinentes, siendo un comercio interestatal. En el segundo caso, se puede afirmar que existían especies de compañías privadas, cuyo propósito era la gestión y transporte de mercancías por vía marítima. En un caso u otro, las relaciones entre el estado y esos comerciantes privados debían ser excelentes, ya que era el estado quien realizaba encargos a estas compañías privadas, que eran las que se ocupaban del transporte de las mercancías.

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